AMLO y su mañanera poblana: el tejedor de galimatías

Una inquieta secretaria de Gobernación no quitaba las manos y los ojos del móvil, mientras su jefe construía las huidas a las respuestas

A las 07:00 horas con apenas unos segundos más, casi con precisión marcial, el hijo predilecto de Macuspana subió al escenario del auditorio de la Escuela Militar de Sargentos, en la XXV Zona Militar, para ofrecer por primera vez en Puebla su conferencia mañanera a un centenar de reporteros locales y de la fuente presidencial de la Ciudad de México, la que se transformó por momentos en un largo monólogo misceláneo en temas e ininteligible en algunos pasajes.

El Presidente de la República con maestría tejió galimatías, en casi todas las preguntas, para eludir la responsabilidad de ofrecer repuestas concretas.

Hizo, eso sí, gala de manejo del escenario, del público, también conformado por invitados especiales, padres de familias de escuelas, principalmente, e impuso su pausado ritmo a la somnolienta mañana en Puebla.

Del tema de la renuncia, que muchos ven “forzada”, del ministro Eduardo Medina Mora de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Andrés Manuel López Obrador fue capaz de caminar hacia asuntos educativos; saltar luego sobre el tema del huachicol; lanzar recomendaciones a sus funcionarios, para que no se metan en temas partidistas; y presumir su Programa de Fertilizantes.

Fueron 57 distintos tópicos, anuncios, comentarios, de la más diversa índole, los que hizo el tabasqueño, mientras el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa Huerta, los secretarios de la Defensa, Marina, Educación, Seguridad, Gobernación y la tesorera de la Federación, hacían un esfuerzo por disimular el tedio, que se acentuó en sus rostros que delataban la desmañanada de este viernes 4 de octubre.

AMLO, el de izquierda

Un convoy de tres camionetas Suburban blancas disputaron hacia las 05:30 horas el paso a la caravana de tres autobuses, a la entrada del la Escuela Militar de Sargentos, en la sede de la XXV Zona Militar, cuando en sincronía con el Presidente, hacían su arribo los reporteros locales.

Mientras a los comunicadores se les ofrecía un desayuno en una carpa colocada al lado del auditorio, en medio de la fría madrugada, Andrés Manuel y el Gabinete de Seguridad celebraban la reunión sobre el tema que cada mañana se realiza, tradicionalmente en la Ciudad de México.

Con la cercanía de la hora fijada para la conferencia mañanera, se dio la entrada de los periodistas y una explicación de la logística, en la que la decisión sobre quién pregunta la toma únicamente el mismo Presidente al señalar a la reportera o al reportero.

Primero uno de los medios nacionales y luego uno local, con la posibilidad de dos preguntas, aunque poco se respeta ese orden y no hay nadie que conduzca, a parte del tabasqueño, la rueda de prensa.

Las manos levantadas se convierten en un momento de entusiasmo, que se extingue cuando AMLO selecciona a uno solamente.

En principio, López Obrador y sus funcionarios expusieron el Programa “La Escuela es Nuestra”, que invertirá más de 20 mil millones de pesos para darle mantenimiento y atender a más de 170 mil escuelas primarias en todo el país, y que comenzará en Puebla.

Ahí se dio la primera oportunidad – de al menos otras dos- de lanzar un halago al mandatario poblano Miguel Barbosa, de quien dijo el Presidente, es el primero en ofrecer su participación en este esquema para la rehabilitación de escuelas.

Vendrían varias lisonjas más, entre el poblano y el tabasqueño, luego de las otras participaciones.

Maestría y distracción

Mientras éstas ocurrían y ya casi en la parte de preguntas y respuestas, luego de que el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Luis Cresencio Sandoval González, dio el parte sobre la situación específica de seguridad en Puebla, una inquieta secretaria de Gobernación, Olga María del Carmen Sánchez Cordero Dávila, no dejaba de teclear su celular.

Apenas levantaba la vista, mientras el Presidente de la República continuaba sus largas alocuciones, con las que daba la ronda a las respuestas, cuando era incómoda la vía directa.

Así lo hizo, sobre el presupuesto que recibirá la entidad en el Ejercicio de 2020, en el asunto del diferendo en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), por la venta ilegal del equipo de futbol Lobos, y otos más.
En paralelo, Sánchez Cordero Dávila seguía con intensidad colgada del móvil.

La ministra en retiro, incluso, fue mencionada por el Andrés Manuel, cuando se refirió a que la renuncia de Medina Mora a la Corte no es la primera, pues hubo otra en 1993, pero Olga María del Carmen ya no estaba presente.
Se había ido, con celular y todo.

La nerviosa mujer septuagenaria ya había dejado el escenario del auditorio en que López Obrador seguía respondiendo preguntas, y su silla había sido retirada por la ayudantía, para no hacer evidente la ausencia.

Ella, quien había llegado de jeans azules a la conferencia y del brazo del titular de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán; ella que evidencia en sus rasgos otoñales que la primavera la bendijo con belleza, ya no estaba.

Andrés Manuel, en tanto, apuraba la conferencia, en la que al terminar una mujer intentó acercarse, para pedirle que atienda un caso de profesores despedidos en el estado de Jalisco, previo que encabezara la ceremonia de graduación de una generación de sargentos, en la que figuran 30 mujeres.

No consiguió su cometido y debió entregar su petición a un ayudante.

De la conferencia, cada quien se llevó lo que pudo, lo que quiso, lo que vio, pero principalmente, lo que entendió de cada galimatías del tabasqu