16 noviembre 2018
Día de Muertos, una tradición viva en Huaquechula
Por: Mónica Ventosa
noviembre 2, 2018 - 1:02 pm

La canción “Hermoso Cariño” y “El Rey”, dan la bienvenida a don Eleno, justo a las 2:00 de la tarde de este 1 de noviembre a la casa que habitó en Huaquechula.

El mariachi, uno de sus preferidos, entona el repertorio musical al pie del monumental altar que su familia instaló en la sala de la casa.

Todos lo recuerdan con la mayor tradición y rito del pueblo que se llena de color y olor a incienso.

Don Eleno Vargas, murió justamente el 1 de noviembre del año pasado y como marca la costumbre al ser el primer aniversario luctuoso, se instala en su honor un monumental altar u ofrenda.

La creencia afirma que su alma llega a visitar a la familia, en medio de una fiesta por su presencia, en la que se brinda una gran comilona, en esta ocasión de mole con carne de res, agua de jamaica y tamales de frijoles.

Las puertas de la casa son abiertas de par en par, para recibir a cientos de visitantes, en su mayoría turistas, quienes admiran uno de los 35 monumentales altares colocados este año al mismo número de personas fallecidas.

Doña Josefina Vargas Rivas, hija de don Eleno, aún lo recuerda con una mirada nostálgica, pero trabajando junto con su gente a todo vapor, para dar de comer a todo el que llega, sin discriminación alguna, le sirven lo mismo a los niños que a los ancianos e igual a jóvenes que a adultos.

Dice que entre todos los deudos, invirtieron más de 55 mil pesos entre el altar y la comida, lo que es notorio a simple vista brindan gustosos.

El rito antiquísimo

En Huaquechula, como en todo el país, el Día de Muertos o de Todos Santos, es una tradición que se “mantiene viva”, en donde se homenajea a los difuntos de una manera muy especial.

Para este año, fueron 35 ofrendas dedicadas a los seres queridos que se “nos adelantaron”.

Huaquechula, está ubicado a 55 kilómetros de la capital poblana, donde es común observar en los domicilios enormes altares que alcanzan una altura de hasta tres metros, dedicados a aquellas personas que fallecieron ya sea por accidente o enfermedad.

Para sus habitantes, no importa el costo o gasto económico que implica su instalación.

Es indispensable para ellos, que las almas o espíritu del difunto regrese al que un día fue su hogar y disfrute de los alimentos que se le colocan, pero que vea que se le recuerda con cariño.

Desde 1450 que es cuando surgen las ofrendas en la época prehispánica, ésta se colocaban sobre una piedra y sobre ésta, un candil con aceite que se obtenía de una semilla conocida como “Engrilla”, pero con los tiempos modernos, todo fue sustituido por mesas adornadas con flores, papel y otros utensilios.

Ahora, se colocan incienso, cirios, frutas y alimentos que fueron de la predilección del difunto, pan de hojaldra, mole o pipián, un vaso con agua que sirve, según la creencia, para mitigar la sed del familiar durante la travesía que realizará desde el “otro mundo”, mientras que los angelitos y la luz de la vela sirve para el mismo objetivo.

De acuerdo a la costumbre, desde el 28 de octubre comienza la fiesta dedicada a aquellos que murieron por algún accidente y después el 31 del mismo mes, está dedicado a los niños que fallecieron ya bautizados.

El primero de noviembre es para los adultos que perecieron por enfermedad natural y concluye el 2 con la visita general a la tumba en los panteones.

Durante la visita, la gente hace guardia frente al altar u ofrenda el cual se encuentra en alguna habitación asignada exprofeso para ello, y está invadido por el olor que despide el incienso y copal quemado, las flores, así como por los colores del papel que se utilizó, entre otros aspecto que han cuidado detenidamente.

El pan que se coloca en el centro, tiene el significado de que representa el cuerpo de la persona, la hojaldra significa el cráneo, el rosquete su rostro, y el pan blanco es la pureza de su alma.

Pero también en distintas casas se colocan altares de menor tamaño para sus familiares muertos en otros años, los que se distinguen por caminos de pétalos de cempasúchil.

Donde hay un caminito o alfombra elaborada con pétalos de dichas flores, es señal de que hay una ofrenda.

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