La no tan sencilla reelección y los re-aspirantes

Por contradictorio que parezca en la realidad, el espíritu de la reforma constitucional del año 2014, que posibilita la reelección inmediata de presidentes municipales y legisladores, se realizó pensando en los ciudadanos y no precisamente en los partidos y los políticos.

Se escucha como una locura, un contrasentido, pero tiene su argumentación bastante atendible.

Con la elección consecutiva de alcaldes, en algunas entidades hasta por cuatro periodos -en Puebla solamente dos-; de los diputados (locales y federales) para esa misma posibilidad y de senadores para un periodo más, se supone que el gran ganador es (o debería ser) el ciudadano común.

En el máximo de estos casos, todos esos representantes populares podrían alcanzar hasta 12 años en sus cargos.

Reitero: en Puebla no, pues los y las presidentes municipales solamente pueden aspirar a 6 años consecutivos.

De este modo, se evitaría -ese es el espíritu de la reforma- la “curva de aprendizaje”, que las administraciones nuevas, los funcionarios sin experiencia, mucha o ninguna, inevitablemente deben enfrentar.

Los gobernantes municipales y los legisladores tendrían (o tendrán) así mayores tablas en sus desempeños, lo que se supone (o supondría) redunda en beneficio de los ciudadanos.

Eso es en el papel.

También la reelección brinda al representado o gobernado la posibilidad de “premiar” o “castigar” a su representante o mandatario municipal, en caso de presentarse nuevamente a la prueba de las urnas.

Una suerte, pongámoslo así, de posibilidad para los ciudadanos de desquitarse del mal gobernante o continuar con el bueno.

También se supone que la posibilidad de la elección consecutiva debe ser una aliciente de buen ejercicio para el mandatario o mandataria. O al menos un acicate.

De este modo, atendiendo al espíritu de esta reforma a la Constitución General de 2014, que se aterrizó en la local de Puebla en julio de 2015, los ciudadanos deberíamos estar frotándonos las manos con la, ahora sí, inexorable advertencia para los alcaldes y diputados: “nos vemos en las urnas. Ahí nos las cobraremos”.

En un segundo plano, la reelección, que por cierto todavía tiene muchas lagunas jurídicas en Código de Instituciones y Procesos Electorales del Estado de Puebla (CIPEP), para su correcta ejecución en este próximo proceso electoral local 2020-2021, debe representar también una gran oportunidad interna para que los partidos políticos sean más cuidadosos en la selección de sus candidatos.

Y es que, de acuerdo con la ley secundaria, el CIPEP, y la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Puebla, la posibilidad más sencilla de buscar la reelección es por el mismo partido por el que fue postulado el re-aspirante.

(Hay otras vías más complejas que se traducen en grietas jurídicas que pueden beneficiar a los mañosos, pero de ellas hablaremos en otras entregas).

Siendo así, no debe espantarnos que presidentas municipales como María Fabiola Karina Pérez Popoca, de San Andrés Cholula -por poner un ejemplo-, esté pensando en la reelección en 2021.
Al contrario, sus gobernados deberían promover que la busque, pero eso sí, con muchas condicionantes.
Hay encuestas que la han puesto francamente mal ubicada en la calificación de los sanandreseños, pero están otras que la ponderan muy distinto.
Son los ciudadanos y las ciudadanas, en la zona conurbada con la capital, quienes deberán decidir si ha hecho un buen trabajo. Si es que María Fabiola Karina se presenta nuevamente ante las urnas.

En principio, para ese caso, ella y otros más, como la capitalina Claudia Rivera Vivanco, deberán antes atravesar la aduana interna de sus partidos, en estos dos casos, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

De ser así, sean bienvenidas a la más efectiva de las calificaciones de los ciudadanos: las boletas, en la soledad de la mampara, en la jornada electoral.