Silencio, incienso y fe marcaron la procesión en Puebla

Encabezada por el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa, la tradición de Viernes Santo reunió a miles en el Centro Histórico

Mientras la tarde de Viernes Santo avanzó, las calles de la ciudad de Puebla se llenaron, en uno de los rituales más afamados del país y multitudinarios en la llamada Semana Mayor.

Desde la Catedral, el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa encabezó el inicio de la Procesión del Silencio, mientras etrás de él, el contingente tomó forma con las imágenes religiosas que año con año convocaron a miles de fieles.

Apareció la imagen de Jesús de Nazaret, seguida por la Virgen de los Dolores, el Señor de las Maravillas y otras representaciones que avanzaron lentamente sobre los hombros de los cargadores. Cada paso fue medido, cada movimiento contenido.

El sonido de los tambores rompió apenas el silencio y el incienso se elevó entre la multitud y envolvió el recorrido. A los costados, miles de personas observaron sin hablar: algunos sostuvieron velas encendidas, otros mantuvieron la mirada fija, otros más registraron el momento con sus teléfonos.

Las cofradías marcaron el ritmo del recorrido. Sus túnicas y estandartes contrastaron con la luz tenue que cayó sobre el Centro Histórico. No hubo aplausos, solo un respeto compartido que se percibió en cada esquina.

Mientras el contingente avanzó, la procesión también se replicó en redes sociales. Fotografías, transmisiones en vivo y videos circularon casi en tiempo real, llevando la escena más allá de las calles.

Conforme anocheció, el silencio se volvió más profundo. Las imágenes continuaron su recorrido y, detrás de ellas, quedó una ciudad que por unas horas dejó de lado el bullicio para acompañar, en pausa, una de sus expresiones más arraigadas de fe.