El movimiento Therian fue el gran tema de conversación global hace unas semanas. Desde la incredulidad y la sorpresa hasta el miedo y la incertidumbre, este movimiento se viralizó tan rápido que es digno de un análisis minucioso.
Para comenzar, no se trata de un fenómeno reciente y tampoco la animalización humana es algo nuevo. La imitación del reino animal ha permitido el desarrollo de la tecnología a lo largo de la historia: herramientas, maquinaria, vehículos de transporte y hasta la tecnología más avanzada de nuestros días parten de la imitación de especies terrestres, marítimas o aéreas.
La mitología ha alimentado la fantasía del ser humano por animalizarse: centauros, minotauros, chacales, etc. El concepto de la Theriantropía se usa desde la antigua Grecia para nombrar a aquellas personas que se identifican con rasgos animales. Del griego Therion que significa bestia salvaje y Anthropos que significa ser humano, esta práctica cobró fuerza a finales del siglo pasado, principalmente entre fans de los llamados hombres lobo.
En el imaginario cultural, la animalización siempre ha estado presente; las leyendas de sirenas en el mar, nahuales en el cerro o el morbo por entrar a ver a la mujer tarántula y al niño lagarto en las carpas de las ferias del pueblo, forman parte de nuestro folclore. En la televisión y en el cine existen innumerables historias con personajes animalizados para todas las edades. Quizá la más reciente y perturbadora es la película noruega Good Boy (2022) del director Viljar Boe que explora las dinámicas y obsesiones de las relaciones modernas, casi profética de lo que se está viviendo.
En la historia reciente, han surgido diversos movimientos de contracultura, manifestaciones que emergen como una respuesta ante el rechazo social, político o hacia la cultura predominante. El surrealismo en los años 30, los hippies en los 60, los punks en los 70, por mencionar algunos, que incluso hasta la fecha siguen en pie, basados en expresiones artísticas como la pintura o la música.
A diferencia de estas expresiones, los Therians no forman una rebelión cultural ni presentan una propuesta de valor, sino son el reflejo de una serie de factores negativos de la sociedad actual que encamina a los miembros de las nuevas generaciones, como la Alpha o la Z, a tratar de encontrarse a ellos mismos en tendencias virales de las redes sociales. Sí, varios de esos niños que apenas hace algunos años usaban orejitas de animales como accesorios, son los que llegaron a pasearse en cuatro extremidades por calles y parques queriendo llamar la atención.
El Therian es la consecuencia inevitable de una sociedad en declive, la necesidad de volverse subhumano escuda problemas individuales como la fragmentación del núcleo familiar, la carencia de guía en casa y la falta de formación de valores en la escuela. Pero también es el reflejo de problemas sociales como la escasez oportunidades de desarrollo humano, crecimiento laboral o crecimiento económico, aunado a los altos estándares de éxito, basados en el materialismo, que derrumban las aspiraciones de millones de jóvenes en el prime de su vida.
En 1859, Charles Darwin propuso la teoría de la evolución, afirmando que las especies cambian y se adaptan al medioambiente para sobrevivir. Afirmó que los individuos con mejor adaptación a su entorno son los que cuentan con más probabilidades de subsistir. Indudablemente esta seguirá siendo la tendencia de la evolución. Es por es que un Therian no necesita un periodicazoen el hocico, no se merece ser ahuyentado con agua, lo que necesita es apoyo, apoyo familiar, apoyo escolar, apoyo social, necesita identificarse como ser humano para entender su lugar en la cadena evolutiva, para comprender que, a pesar de no contar con todo lo material que la sociedad de consumo le demanda, su caminar debe ser firme en 2 extremidades.
La insipiencia de este movimiento provoca la especulación sobre su futuro, sus bases no son religiosas o de género, por lo pronto solo intenta ser un placebo mental o espiritual para jóvenes en busca de identidad; no termina de cuajar como una opción evolutiva del ser humano, sino que emula todo lo contrario. Es por eso que fue débil en su propuesta y en su futuro identitario y muy probablemente terminará siendo una moda pasajera o tal vez me estoy equivocando y estemos presenciando el inicio del despertar de las bestias al más puro estilo de El planeta de los simios. En cualquiera de los casos, como comunidad, sociedad y gobierno, estamos en deuda con una generación que pide a gritos, maullidos y ladridos ser tomada en cuenta, una generación que no merece ser desatendida cuando aún no ha llegado a la madurez de su vida.
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