Amenazas a la privacidad

A la censura y la violencia física se suman nuevas amenazas, la vulneración de la privacidad de periodistas.

Este fue el mensaje central que emitió Blanca Lilia Ibarra, comisionada presidenta del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), al participar en la conferencia anual por el Día Mundial de la Libertad de Expresión, evento convocado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Educación (Unesco).

A decir de Blanca Ibarra, los gobiernos y los poderes fácticos no sólo amenazan, agreden y obstaculizan la labor informativa y vulneran los derechos de acceso a la información, condiciones fundamentales para el periodismo libre, sino que ahora abusan de su condición para atentar contra la privacidad de periodistas.

Basta recordar cuando el presidente de México estuvo durante días insistiendo en que se dieran a conocer ingresos y propiedades de periodistas y hasta pensaba que el INAI tenía que revelar esa información. Claro, hay que aclarar que el INAI no es la instancia que da información, son las instituciones públicas.

Y claro, hay que recordar que los ingresos y propiedades de cualquier persona física, se dedique a lo que se dedique, es información que está protegida por las leyes y revelarla sin permiso de la persona, constituye faltas a la ley, incluso de índole penal.

Pero no es la única forma en que se vulnera la privacidad de periodistas; también se vulnera cuando públicamente se da el nombre, la dirección, el correo electrónico, el número de teléfono, los datos de un auto o cualquier otro que identifique al o la periodista.

Hay presidentes y presidentas municipales, congresistas locales y federales, gobernadoras y gobernadores y una larga lista de personas funcionarias públicas que cada día acusan a la prensa incómoda y públicamente dan a conocer datos como los antes descritos y otros más.

Lo hacen en aras de recriminar por información publicada que no es de su agrado. Lo hacen cuando usan redes sociodigitales para ofender a periodistas y comparten fotografías y cínicamente “etiquetan” a las y los colegas.

En el colmo de los casos incitan a la violencia, llamando a sus fieles a que identifiquen al o la periodista en cuestión y que actúen en consecuencia, abriendo la puerta a reacciones violentas.

Al final no se dan cuenta que estas prácticas irresponsables terminan poniendo en riesgo una vida y de paso violentando el derecho de la sociedad a ser informada.