A las dos o tres de la mañana, cuando el fraccionamiento queda en silencio, se escuchan pasos a lo lejos en la zona boscosa protegida supuestamente.
No son corredores ni vigilantes, sino personas que entran al bosque, sin lámparas, sin perros, sin prisa.
Caminan como si conocieran el terreno, minutos después, la oscuridad vuelve a cerrarse sobre los árboles.
“Los vemos desde las ventanas”, cuenta una vecina de Bosques del Pedregal, ubicado en Jardines de la Montaña.
“No entran a pasear. Entran a hacer algo y se van”, después, casi siempre, aparece el fuego.
Incursiones que ya son rutina
Para los habitantes de Bosques del Pedregal y Jardines de la Montaña, las incursiones ya no son un hecho aislado, sino parte de una rutina inquietante.
Los relatos se repiten entre vecinos que no se conocen entre sí, pero que describen escenas similares: personas que ingresan de noche, brechas nuevas, ramas cortadas, olor a quemado al amanecer.
“Primero escuchamos movimiento, luego vemos humo”, dice otro residente. “No hay tormenta, no hay causa natural. El incendio simplemente aparece”.
Miembros del comité vecinal aseguran que esta dinámica lleva años ocurriendo, pero que en las últimas semanas se ha intensificado. “Antes era una vez al mes, ahora es seguido. Como si tuvieran prisa”.
El fuego que los obligó a salir
Uno de los incendios más recientes ocurrió a un costado del Periférico Ecológico.
Las llamas comenzaron a avanzar mientras los vecinos llamaban a bomberos y a Protección Civil. La ayuda no llegó de inmediato.
“Esperamos, marcamos, insistimos”, relata una mujer que participó en el control del fuego. “Al final entendimos que si no salíamos nosotros, nadie iba a hacerlo”.
Los vecinos entraron al bosque, con cubetas, mangueras, tierra. Sin equipo, sin protección. “No lo hicimos por valentía, lo hicimos por miedo”, dice otro habitante. “Si el fuego avanzaba, corríamos riesgo”.
El incendio fue contenido, pero dejó claro algo más grave, un bosque dañado y desprotegido.
Un proyecto
El temor vecinal creció cuando se confirmó que la empresa Consorcio Hogar de Occidente, S.A. de C.V. ingresó ante la Semarnat un proyecto para construir un conjunto habitacional en la zona.
El desarrollo, denominado “Manzana 26 A, Conjunto Habitacional Jardines de la Montaña”, solicita el cambio de uso de suelo forestal en 2.88 hectáreas actualmente cubiertas por bosque de encino.
“Ahí entendimos todo”, dice un integrante del comité vecinal. “Primero queman, luego dicen que ya no es bosque y después piden permiso para construir”.
El trámite fue ingresado el 10 de diciembre de 2025 y permanece en evaluación por la autoridad ambiental federal. “Quieren que el bosque desaparezca”, dicen.
Los vecinos no hablan de teorías abstractas, sino de experiencia. “Cuando el bosque está verde, estorba. Cuando está negro, ya no”, dice un residente que ha vivido más de 15 años en la zona.
Otro testimonio coincide: “Nos quieren cansar. Que un día digamos: ‘ya que hagan las casas’. Pero este bosque nos da aire, nos da sombra, nos protege”.
La preocupación aumenta al recordar que otros conjuntos habitacionales se han levantado en zonas que antes eran áreas verdes, incluso en corredores que conectaban con Flor del Bosque.
Legalmente, la zona sigue protegida. Semarnat aún no ha emitido resolución sobre el cambio de uso de suelo. Pero el daño no espera dictámenes.
“Si el permiso llega, el bosque ya estará quemado”, resume una vecina. “Y si no llega, igual ya lo dañaron”.
Cada noche, cuando el fraccionamiento se apaga, los vecinos vuelven a mirar hacia el bosque. No buscando fuego, sino movimiento.
Porque saben que mientras haya sombras entrando entre los árboles, el bosque sigue en riesgo.









