El niño mixteco que llegó al arzobispado

“Apacienta mis ovejas”, la historia del niño de Santa Cruz que terminó guiando a la Iglesia poblana

Mucho antes de portar una mitra, presidir ceremonias ante miles de fieles o recorrer los pasillos de la Catedral de Puebla, José Víctor Manuel Valentín Sánchez Espinosa fue simplemente Víctor, un niño que corría por las calles de tierra de Santa Cruz, una pequeña comunidad de Teotlalco, en el corazón de la Mixteca poblana.

En ese pueblo donde todos se conocían por su nombre, donde el sonido de las campanas marcaba el ritmo de los días y la iglesia era punto de encuentro de la comunidad, comenzó a sembrarse la vocación del niño que años más tarde adoptaría como lema de vida las palabras del Evangelio de San Juan: “Apacienta mis ovejas”.

A los 13 años tomó una decisión que lo alejaría de los paisajes de su infancia.

Con una maleta, dejando atrás a su familia y la tranquilidad de su comunidad, ingresó en 1963 al Seminario Menor de Puebla.

El cambio fue profundo: pasó de la vida rural de la Mixteca a los largos corredores del Seminario Palafoxiano, donde empezó a moldear la disciplina y la formación que marcarían su existencia.

Los años de estudio en Filosofía y Teología consolidaron una vocación que se hizo sacerdocio el 6 de junio de 1976, cuando recibió la ordenación de manos del entonces arzobispo Ernesto Corripio Ahumada.

Aquel joven que salió de una pequeña comunidad poblana iniciaba un camino que lo llevaría mucho más lejos de lo que probablemente imaginó en su adolescencia.

Roma apareció después como una etapa decisiva. En 1977 viajó al Pontificio Instituto Litúrgico de San Anselmo para especializarse en Sagrada Liturgia.

El muchacho de la Mixteca poblana caminó entonces por una ciudad que representa el corazón de la Iglesia católica, llevando consigo los recuerdos de su tierra natal.

Su regreso a Puebla no fue para quedarse en el anonimato. El antiguo seminarista volvió convertido en maestro y formador de nuevas generaciones de sacerdotes.

Más adelante, su trabajo en la liturgia lo llevó a ocupar responsabilidades nacionales e internacionales, hasta ser nombrado obispo auxiliar de México en 2004.

Al arzobispado

El 5 de febrero de 2009, la historia dio un giro definitivo. El papa Benedicto XVI lo nombró VIII Arzobispo de Puebla.

Dos meses después, el Estadio Cuauhtémoc reunió a cerca de 40 mil personas para recibir al sacerdote que regresaba a la tierra donde su vocación había nacido.

Desde entonces, las 330 parroquias de la Arquidiócesis de Puebla se convirtieron en los caminos de su ministerio. Sierra, Mixteca, valles y ciudades han sido parte del recorrido de un pastor que ha hecho de la cercanía con la gente una de sus principales características.

A 50 años de su ordenación sacerdotal y 75 años de vida, la imagen permanece intacta: la de aquel niño de Santa Cruz que un día dejó las calles de tierra de la Mixteca poblana y que, siguiendo el llamado de su vocación, terminó convirtiéndose en el pastor de una de las arquidiócesis más importantes del país.