Comer mal ya nos pasó factura. No entendimos las advertencias, cuando hace 20 años nos dijeron que México estaba en los cinco primeros países, con un mayor número de obesos. Cuando llegamos al primer sitio, tampoco nos importó.
“Prefiero ser un gordo feliz, a un flaco que dé lástima; se escucha decir en muchas familias.
“Cuando un brócoli sepa lo mismo que un taco árabe, me avisan”.
“Así somos los mexicanos. Y nadie nos va a cambiar”.
Dichos como estos, que aunque parecen graciosos, fueron formativos de nuestros pésimos hábitos alimenticios.
¡No cambiamos por imagen!. ¡No cambiamos por orgullo!. ¡No cambiamos por salud!.
Y el coronavirus nos pasó la factura. Está arrasando con diabéticos, hipertensos y con obesos.
7 de cada 10 fallecidos por Covid-19 en México, tenían estas características; y contando…
El gobierno ya nos soltó. Miguel Barbosa hizo su último intento con un decreto que solo AUDI obedecerá y López Obrador, no arriesgará las elecciones del próximo año, llamando a un impopular
Confinamiento. La inmunda política es primero.
Así que Dios, y nuestro sistema inmune nos guarden. Porque dicho por el mismísimo López Gatell, en un momento determinado, el 70 por ciento de los mexicanos padeceremos está enfermedad; muchos ni se enterarán que la tienen o tuvieron.
Así que dependiendo de qué tan sanos estemos, es como lograremos pasar inadvertidos para esta pandemia.
Veremos caer mucha gente querida. Veremos otro tanto más hospitalizada. Pero la vida, en su sabiduría, nos enfrenta a la gran y cruda realidad, de que este mundo, es para los más fuertes (inmunológicamente hablando).
Cuán valiosa será la alimentación para nuestra subsistencia en los próximos años. ¡Y qué ironía! Porque lo primero que nos ha dejado este confinamiento, es una buena cantidad de kilos.









