Envejecer en pobreza: la otra cara del Día del Abuelo en Puebla

Este 28 de agosto, Puebla conmemora a una población adulta mayor que crece aceleradamente. Aunque la pobreza entre los mayores de 65 años disminuyó, todavía alcanza al 37.2 por ciento; detrás de las cifras sobreviven historias de necesidad, discriminación y adultos mayores obligados a trabajar para completar sus ingresos.

Margarito Hernández Machorro tenía 89 años y todavía pasaba hasta seis horas de pie embolsando mercancía en un supermercado de Puebla.

En un buen día conseguía alrededor de 50 pesos en propinas, dinero que necesitaba para completar una pensión mensual de apenas mil 200 pesos y pagar la renta del lugar donde vivía solo.

“Lo único que quiero es tener una casita, porque no me alcanza para pagar mi renta”, contó.

Desde los 50 años había comenzado a enfrentar dificultades para conseguir empleo debido a su edad y, casi cuatro décadas después, todavía soñaba con obtener un trabajo formal que le permitiera acceder a prestaciones y quizá a un crédito para una vivienda.

Como Margarito, María Rosa y Miguel, son tres adultos mayores que encontraron en los supermercados una de las pocas alternativas para obtener ingresos.

Este 28 de agosto, Día Nacional de las Personas Adultas Mayores y conocido popularmente como Día del Abuelo, sus testimonios permiten mirar detrás de los festejos y ponerle rostro a un problema que sigue presente: en Puebla, llegar a viejo todavía puede significar hacerlo en pobreza y sin una jubilación suficiente.

La pobreza

Ahora existen pensiones universales y mayores programas de atención, pero la pobreza continúa alcanzando a una parte considerable de los adultos mayores poblanos.

La medición multidimensional de 2024 del INEGI establece que 37.2 por ciento de las personas de 65 años y más en Puebla se encuentra en situación de pobreza.

El dato representa una mejoría importante frente a 2022, cuando la proporción alcanzaba 48.8 por ciento, prácticamente uno de cada dos.
Sin embargo, significa que más de uno de cada tres adultos mayores todavía enfrenta insuficiencia de ingresos acompañada de alguna carencia social.

Detrás del problema existen décadas de informalidad laboral. Miles de quienes actualmente tienen 65, 70, 80 o más años trabajaron como campesinos, comerciantes, empleados sin prestaciones o por cuenta propia, actividades que les permitieron obtener ingresos, pero no necesariamente cotizar ante el IMSS, ISSSTE u otro sistema para construir una jubilación.

La pobreza durante la vejez, por ello, no comienza al cumplir 65 años, sino en muchas ocasiones es el resultado de desigualdades acumuladas durante toda una vida y se vuelve más difícil de enfrentar cuando disminuye la capacidad física para continuar trabajando.

Puebla envejece rápidamente

El Censo de Población y Vivienda 2020 contabilizó 745 mil 419 personas adultas mayores en el estado, mientras que Puebla registra un índice de envejecimiento de 41.86 personas mayores por cada 100 menores de 15 años.

En 2000 había alrededor de 374 mil adultos mayores, por lo que en apenas dos décadas el número prácticamente se duplicó. Además, existen mil 65 poblanos que han alcanzado o superado los 100 años.

Más de una cuarta parte de la población estatal vive en localidades menores de 2 mil 500 habitantes, condición que puede dificultar para una persona mayor acudir al médico, realizar trámites, comprar medicamentos o simplemente desplazarse cuando vive lejos de las cabeceras municipales.

La consecuencia es que Puebla deberá destinar cada vez mayores recursos no solamente a pensiones, sino a atención médica especializada, geriatría, rehabilitación, alimentación, transporte, vivienda accesible y sistemas de cuidados.

Margarito: una moneda y una sonrisa

Margarito conocía también otra cara de la vejez: la discriminación, ya que casi durante casi una década sobrevivió con las propinas que recibía como empacador en un supermercado de la zona de la CAPU y había aprendido que no todos los clientes reaccionaban igual ante una persona mayor.

“Hay muchos groseros, que ni nos voltean a ver, y otros que ni siquiera quieren tocarnos”, relató entonces. Algunos, explicó, preferían dejar las monedas sobre la caja para evitar el contacto físico.

Los llamados “cerillitos” no reciben salario y sus ingresos dependían exclusivamente de las propinas.

Formalmente eran considerados voluntarios, aunque algunos establecimientos les asignaban horarios e incluso actividades adicionales como limpieza, paquetería o acomodo de mercancía. En esas horas dejaban además de recibir propinas.

María Rosa, hasta el último día

María Rosa Andrade Rojas tenía 68 años y también era empacadora.

El 7 de junio de 2013 terminó su jornada en un supermercado y salió con unos cuantos pesos en la bolsa para esperar el transporte público que la llevaría a su vivienda en la colonia Tres Cruces.

Nunca llegó. Un autobús de transporte público invadió la banqueta y la atropelló frente al establecimiento donde acababa de trabajar. Murió en el lugar y sus familiares conocieron lo ocurrido hasta la mañana siguiente, cuando acudieron a preguntar por ella.

María Rosa tenía bajo su responsabilidad a una nieta. Fueron sus compañeros empacadores, adultos mayores que obtenían entre 20 y 50 pesos diarios, quienes junto con otros trabajadores realizaron una colecta para ayudar a la joven y consiguieron reunir 700 pesos.

El supermercado no tenía una relación laboral formal con ella porque jurídicamente era considerada empacadora voluntaria.

Su muerte entonces expuso una de las mayores contradicciones de aquel modelo: adultos mayores podían acudir diariamente a un establecimiento, cumplir horarios y realizar actividades, pero no tenían salario ni prestaciones laborales.

La pensión cambió parte de la realidad

Entre la Puebla de 2013 y la de 2026 existe una diferencia fundamental. La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores se convirtió en un ingreso universal para quienes tienen 65 años o más y este año entrega 6 mil 400 pesos bimestrales.

Prorrateada, equivale a aproximadamente 3 mil 200 pesos mensuales, para algunos beneficiarios representa un complemento de su jubilación o de otros ingresos; para quienes nunca consiguieron una pensión laboral puede convertirse en el principal recurso para alimentos, medicamentos, transporte, servicios y gastos cotidianos.

Actualmente, además, el Sistema Estatal DIF reporta atención directa a 59 mil 845 personas de 60 años en adelante mediante servicios de salud, alimentación, rehabilitación, acompañamiento emocional y espacios de convivencia.

Miguel lucha contra titanes

Miguel llegó a los supermercados por una ruta distinta, tras una lesión en la pierna derecha lo obligaba a utilizar bastón y, sumada a su edad, complicó todavía más sus posibilidades de conseguir un empleo formal.

Ante la necesidad de obtener dinero para comer acudió al DIF municipal y terminó incorporándose como empacador.

Mantuvo una demanda contra Proveedora de Abarrotes Rivera, conocida comercialmente como La Gran Bodega, en la que reclamaba vacaciones, prima vacacional, aguinaldo y aportaciones al Infonavit, IMSS y Afore, pero nunca prosperó.

Miguel, describía las condiciones de algunos empacadores como una “esclavitud moderna”.

Su argumento era que, pese a ser considerados voluntarios, estaban sujetos a reglas, horarios y actividades determinadas por los establecimientos.