El templo de Santa Mónica volvió a llenarse de devotos, flores, veladoras y música, en una de las tradiciones religiosas más arraigadas de la capital: la celebración al Señor de las Maravillas, cuya imagen reúne cada año a cientos de fieles que, entre plegarias, agradecimientos y peticiones, mantienen viva la devoción.
Desde temprana hora, el templo ubicado en el Centro Histórico sobre la calle 5 de mayo, se convirtió en un ir y venir de creyentes que, algunos con lágrimas en los ojos, otros con alegría, se acercaban a agradecer o pedir favores.
Los alrededores del templo se transformaron en una auténtica verbena popular. Los pasillos se llenaron de color, y ambiente. No faltaron los globos, los estandartes y, por supuesto, los puestos de comida y recuerdos, que hicieron de esta celebración no solo un acto de fe, sino un verdadero encuentro de tradición.
Entre los asistentes, no solo se observaban rostros de emoción y recogimiento, también manos generosas que repartían detalles a los visitantes: pulseras, rosarios, imágenes del Señor de las Maravillas, dulces y pequeños recuerdos, como símbolo de gratitud y devoción.
Testimonios de fe
Angelina Hernández fue una de esas personas que, con fe y una sonrisa, obsequiaba pequeños recuerdos a los asistentes. Nos compartió que debe dos milagros al Señor de las Maravillas. “El más significativo fue cuando me hicieron una prueba de cáncer y salió negativa”, relató emocionada. Desde hace cinco años no falta a esta cita, y envió un mensaje a quienes aún no conocen la tradición: “Que tengan fe, con eso”, dijo.
Otro de los testimonios que reflejan la devoción es el de Aline, quien no pudo evitar que sus ojos se enrojecieran por la emoción mientras relataba el milagro más grande que atribuye al Señor de las Maravillas: la vida de su madre. “Que vengan con amor y sentimiento, es muy bueno, muy milagroso”, expresó.
Rubén Flores, quien asistió acompañado de su esposa, quien padece problemas de la columna. Desde hace una década, Rubén no falta a la cita con el Señor de las Maravillas, y también participa en la procesión de Semana Santa. “Acérquense mucho a Dios porque Él es quien socorre”, recomendó, con la esperanza de que su esposa encuentre alivio a sus dolencias.
Así, entre la fe, la música y las oraciones, Puebla volvió a vivir la emotiva celebración del Señor de las Maravillas, una tradición que, más allá del tiempo, sigue uniendo a los creyentes en torno a la esperanza y la devoción.









