En Tehuacán, la dignidad se defendió a golpes, la justicia se exigió en las calles y la rabia ardió hasta consumir una casa entera.
Todo comenzó hace unos días, a plena luz del día, cuando Misael, un joven frutero, instaló su carrito como cada mañana en la esquina de la avenida Independencia Oriente y 25 Sur.
No era nuevo en la zona. Era parte del paisaje cotidiano: su fruta fresca, su saludo amable, su lucha honrada por llevar el pan a casa. Pero ese día, el trabajo le costó sangre.
De acuerdo con testigos, dos hombres —un adulto y un joven— se acercaron para exigirle que se retirara. Querían su lugar. Misael, con voz firme, se negó.
“¡No te voy a quitar mi puesto!”. Lo que vino después fue una golpiza brutal. Los agresores lo derribaron a puñetazos hasta dejarlo inconsciente sobre el pavimento. Su carrito volcó y la fruta quedó esparcida en el suelo, igual que él.
El video del ataque circuló como pólvora en redes sociales. La imagen de Misael tendido, inmóvil, bajo el sol de Tehuacán, encendió la indignación ciudadana.
No tardaron en llegar las primeras marchas. Vecinos, vendedores, familiares y jóvenes solidarios tomaron las calles con pancartas, altavoces y una sola consigna: “¡Justicia para Misael!”.
Ante la presión social, el Ayuntamiento de Tehuacán reaccionó. El director de Gobierno municipal, Ernesto Vélez, junto con el delegado de Gobernación, Jacobo Aguilar, anunciaron públicamente la apertura de una carpeta de investigación. Aseguraron que ya hay una denuncia formal y que los responsables no quedarán impunes.
“Estamos del lado de la víctima y no vamos a permitir que este tipo de actos queden sin castigo”, declaró el funcionario municipal.
Arde Tehuacán
Pero para los ciudadanos, las palabras ya no bastaban. La noche que Tehuacán ardió
Durante la madrugada de este 22 de mayo, la indignación se transformó en furia. Habitantes del Fraccionamiento La Concordia, donde supuestamente reside uno de los agresores, se movilizaron.
Llegaron hasta el cruce de la 11 Poniente y 8 Sur. El objetivo: la casa vinculada a los presuntos atacantes.
Primero fueron piedras. Luego, gritos. Después, fuego. En cuestión de minutos, la planta alta del inmueble comenzó a arder.
Videos captados por testigos muestran cómo las llamas consumen las ventanas, mientras una multitud observa sin intervenir. La fachada quedó destruida, los vidrios estallados y el pavimento cubierto de escombros.
Protección Civil y Bomberos llegaron para controlar la situación. Tuvieron que trabajar durante horas para sofocar el incendio y evitar que se propagara a viviendas cercanas.
Afortunadamente, no se reportaron personas heridas durante el ataque al domicilio.
Las autoridades ya investigan lo ocurrido. Por un lado, la agresión a Misael; por el otro, los actos de justicia por propia mano que llevaron a la destrucción del inmueble.
Mientras Misael se recupera de sus heridas, su caso sigue generando eco en todo el estado. Su cuerpo tardará en sanar, pero su historia ya encendió un movimiento.









