A sus 40 años de haber publicado Las niñas bien, Guadalupe Loaeza sigue siendo una cronista de sí misma, de su tiempo y del país.
En el Museo Internacional Barroco de Puebla, fue homenajeada en el marco del encuentro Agenda de las Mujeres Agentes de Cambio, organizado por la iniciativa Iberoamericanas de la Fundación Honoris Causa (FHC).
Ahí, entre anécdotas y memorias, recordó —con humor, ironía y nostalgia— cómo fue que un día cualquiera, por culpa de unos cojines, terminó en la redacción del periódico Uno Más Uno para cambiar su destino.
“Un domingo, el 19 de agosto de 1982, terminé de leer un texto de Cristina Pacheco. Dije: así como ella se ocupa de los menos favorecidos, yo quiero escribir sobre los más favorecidos”, relató ante una audiencia que la escuchaba entre risas y admiración.
Así nació su inquietud por narrar otro México: el de las familias de abolengo, las buenas costumbres, las damas de club y las apariencias que, como después descubriría el país entero, también tenían fisuras.
Al día siguiente, lunes 20, camino a recoger unos cojines que había mandado hacer con telas típicas, el tapicero le dijo que tardaría dos horas más.
“¿Qué voy a hacer?”, se preguntó. Y en ese instante recordó que muy cerca estaba la colonia Nochebuena, donde se ubicaban las oficinas del Uno Más Uno. Sin dudarlo, fue.
Vestida como lo que era —una “niña bien”— llegó a la redacción, pidió hablar con el jefe y le contó que acababa de obtener el segundo lugar en un concurso de cuento.
“Quiero escribir sobre lo que observo”, dijo. Le preguntaron si traía su material. “¿Mi material? Pensé que era como cemento”, confesó entre carcajadas. No sabía nada del mundo periodístico, pero sí sabía lo que quería contar.
El subdirector en turno, Miguel Ángel Granados Chapa, le pidió que escribiera sobre la devaluación. “Claro que sí, ¿por qué no?”, respondió sin saber nada de economía. “Yo me creía Luis Suárez… y no sabía nada”.
Poco después, se integró a las páginas editoriales de La Jornada y más adelante a Reforma, desde donde retrató, con aguda ironía, las contradicciones del México aspiracional, el clasismo, el feminismo incipiente, la vida cultural y los claroscuros del poder.
Ya en su homenaje, Loaeza no dejó pasar la oportunidad para recordar a su compañero de vida.
“Quiero agradecer la compañía de mi marido, que de verdad es un santo, un caballero, un doctor maravilloso, y que me ha aguantado, que me ha tolerado”.
También evocó la voz de uno de sus grandes amigos y críticos, Julio Scherer, quien un día la instó a dejar atrás a las “niñas bien”.
“Me dijo: ‘Ya no escriba sobre ese tema, porque están en extinción’. Es una pena, porque estuve pensando cuál sería ahora la nueva niña bien… y sinceramente, no se me ocurre”.
Y, fiel a su estilo, cerró con una frase que provocó carcajadas y aplausos: “Gracias a Puebla, porque las verdaderas niñas bien son poblanas. No las de San Luis, ni las de Oaxaca… no, no, no. Las verdaderas niñas bien son de aquí”.
Su presencia en el acto fue aún más significativa, considerando que, como se mencionó durante la ceremonia, enfrenta actualmente un proceso de salud delicado con un cáncer.
Sin embargo, eso no le impidió estar de pie y compartir su historia ante decenas de asistentes.
Mujeres Agentes
En el marco de la Agenda de las Mujeres Agentes de Cambio, iniciativa impulsada por la organización Iberoamericanas de la Fundación Honoris Causa (FHC), se llevó a cabo en el Museo Internacional Barroco de Puebla un encuentro para reconocer el trabajo de mujeres líderes de toda Iberoamérica, así como el impacto de sus acciones en las comunidades migrantes, académicas, políticas y sociales.
Durante el evento, el Dr. Enrique Navarro, vicepresidente del Consejo de Administración de la FHC, destacó la relevancia de Puebla como un escenario emblemático para promover los valores culturales, gastronómicos y de identidad que unen a los países hispanohablantes.
“Puebla es una ciudad hermosa, con una gran gastronomía y una identidad que ha sabido preservar con orgullo. Es un honor estar aquí reconociendo a quienes representan el espíritu de lucha y servicio de nuestras comunidades”, expresó.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue el homenaje a la escritora Guadalupe Loaeza, cuya trayectoria literaria y compromiso social fueron resaltados como ejemplo de perseverancia, excelencia y liderazgo. “Tu nombre es sinónimo de excelencia y compromiso. Has sido una mentora para muchas mujeres jóvenes y un pilar en tu comunidad”, se mencionó durante su reconocimiento.
La agenda también incluyó reflexiones sobre los desafíos que enfrentan las mujeres iberoamericanas, especialmente las migrantes, así como el impacto de programas como el Claustro de Iberoamericanas y Interalcaldes, que fortalecen el liderazgo de mujeres en ayuntamientos y espacios de decisión pública.
Entre las personalidades asistentes estuvieron Marco Tarazona, presidente del capítulo estadounidense de la FHC; Blanca Alcalá; Adriana Flores, directora de Americanas Internacional con sede en La Haya; así como autoridades municipales de Zapopan y representantes del sector cultural y académico.









