La semana pasada lanzamos un posteo en X sobre Laura Artemisa García Chávez, con una lectura de que su eventual regreso al Congreso del Estado no necesariamente significaría un retroceso político, sino una estrategia para mantenerse haciendo política justamente donde se toman decisiones importantes.
También recordamos algo que tampoco es secreto: su cercanía política y trabajo con el gobernador Alejandro Armenta viene de muchos años atrás.
No hay que darla por muerta políticamente.
Y entonces ocurrió algo curioso.
Comenzaron a llover los ataques de cuentas con cinco seguidores, otras con 10 y las más “populares” con 18.
Perfiles con publicaciones esporádicas, poca interacción y características que, cuando menos, hacen sospechar de una operación coordinada para cuestionar a la todavía secretaria de Bienestar.
¿Bots?, ¿cuentas manejadas para golpear?, ¿usuarios extraordinariamente preocupados por el futuro político de Laura Artemisa?
Cada quien saque sus conclusiones.
Pero aquí comienza lo interesante.
Si dicen que Laura Artemisa está políticamente acabada, como algunos pretenden vender, ¿para qué molestarse tanto en atacarla? ¿Por qué invertir tiempo y esfuerzo en desacreditarla?
Y hay otra pregunta que resulta todavía más interesante: ¿de dónde salió originalmente la versión de que regresaría al Congreso?, ¿a quién beneficiaba ponerla a circular?
Entonces vienen las preguntas incómodas en este caso: ¿quién mueve esas cuentas?, ¿de parte de quién?, ¿quién gana golpeando a la maestra?
Hace unos días, el coordinador de Gabinete, José Luis García Parra, acusó públicamente al PAN de financiar granjas de bots para realizar comentarios favorables durante transmisiones del gobierno estatal y después construir la narrativa de que esas cuentas son operadas desde la propia administración estatal para desacreditarla.
Y este fin de semana el director general de Conversación Digital del Gobierno de Puebla, Arturo Alfaro, rechazó “categóricamente” que desde la administración estatal se utilicen cuentas automatizadas para manipular conversaciones en redes sociales o atacar a quienes expresan opiniones diferentes.
Tampoco puede descartarse otro ingrediente clásico de la política poblana: el fuego amigo.
Conforme se acerque 2027 habrá inquietos grupos acomodando piezas, aspirantes buscando espacios y personajes interesados en sacar del tablero a quien pueda estorbarles.
Lo verdaderamente interesante será observar quién se pone nervioso con cada movimiento.
Es un hecho que la guerra digital ya comenzó y falta saber quién dispara y, sobre todo, quién paga las municiones.
Se va a intensificar.
Tiempo al tiempo.








