Mucho se habla del sacrificio de los estudiantes de medicina, de las vejaciones y privaciones que tenemos durante el internado y el servicio social, sin embargo, hay una oblación silenciosa, que muchas veces ni nosotros mismos notamos.
No sabemos cómo, pero cuando necesitábamos un libro, ahí estaba, los libros en medicina no son baratos, ni ligeros, son una especie de enciclopedias de pasta dura y muchas hojas, cuando había que pagar un manual, una cuota de laboratorio, la reinscripción, siempre había en la fecha indicada, claramente no faltaban los compañeros cuyos padres rebosaban en abundancia y llegado el caso, podían darnos un respiro y alivianarnos la carga.
Muchos cumpleaños hemos pasado fuera de casa, ya sea por congresos, prácticas o trabajo, sin embargo, siempre han estado ahí, en las navidades y las vísperas de año nuevo ya comienza a notarse una silla vacía, y pese a todo, siempre van a estar ahí, guardando nuestro plato por si nos da tiempo llegar, contando nuestras uvas, salvando una copa de vino para el recalentado del día siguiente.
No basta querer, es preciso actuar, no basta desear, es correcto respaldar, y al menos para muchos, siempre hemos contado con el incondicional apoyo de una madre, de una abuela, de una familia, que su único deseo es vernos volar muy alto y muy lejos, que no importando las precariedades, siempre tenían lista la mejor bata, la mejor camisa, la corbata más bonita, los zapatos más blancos, tal vez no el libro original de pasta dura, pero si las mejores copias, para poder rayarlas a gusto, ante toda la adversidad que pudiera presentarse en época de finales, siempre estuvo ahí, con un plato de comida en la mesa, con un hombro para llorar de impotencia, con un consejo para aliviar nuestra frustración, con una mano para darnos de zapes y recordarnos porque estábamos ahí, estudiando la mejor carrera de todas, la más larga, la más grande, siempre recordándonos que éramos grandes.
Todo el esfuerzo del mundo no es suficiente para poder terminar una carrera, no sin el respaldo de una madre, todas las intenciones se tornarían vacías sin su apoyo, sin su comprensión, igual que todos nuestros consejos quedan abolidos ante el ya famoso “porque soy tu madre”, gracias por apoyarnos siempre, gracias por estar todavía aquí, gracias mamá.









