El concepto de paradigma es usado comúnmente como ejemplo o modelo, dicha definición hunde sus raíces en el griego antiguo, con el significado de patrón o modelo demostrable, en las ciencias sociales implica el concepto de cosmovisión, ya sea como un conjunto de experiencias o creencias que afectan la percepción de la realidad.
En medicina, existen paradigmas rectores que hemos seguido desde hace mucho tiempo, sin embargo, la medicina basada en evidencias nos ha hecho renovar y reformular muchos de ellos, empoderando cada día más al médico y al paciente para lograr el objetivo común, preservar la salud.
Se dice que las nuevas generaciones llegamos a romper paradigmas, pero no solo es romper por romper, reformular un eje rector lleva tiempo, esfuerzo y evidencia, todo el trabajo hecho por generaciones anteriores y complementado por las actuales, hace que la actualización deba ser constante.
La cosmovisión que tenemos sobre el VIH no es la excepción, ha ido renovándose constantemente, pasando de ser considerada una enfermedad emergente a una pandemia con 40 años de evolución, evolucionando de una enfermedad aguda a una enfermedad crónica, mutando de una patología incurable a una controlable, todos estos paradigmas prevalece han sido rotos casi exitosamente, el único eje rector que hasta el día de hoy y aparentemente lo hará por unos años más, es la ignorancia y el desconocimiento, causantes de miles de muertes indirectas en estas décadas.
Las nuevas generaciones tenemos el deber moral con las anteriores (infundado o no) de romper con el paradigma de la transmisión y virulencia del VIH, así como con seguir rompiendo la ignorancia, pues es increíble que después de 40 años y múltiples evidencias científicas, siga prevaleciendo y cobrando vidas que bien pudieron salvarse con la información adecuada.
Corresponde pues, a las nuevas generaciones entender que indetectables es igual a intransmisible, y eso es bueno, no solo por la libertad sexual que representa, si no por la libertad sanitaria que conlleva, clínicamente, un paciente indetectable tiene muchas más oportunidades de llevar una vida “normal” que un paciente cercano al límite del VIH, y como siempre, corresponde a cada uno de nosotros, desde cada bastión, luchar contra la ignorancia, no solo en diciembre, porque todo el año hay transmisión.









