El gobernador Alejandro Armenta encabezó una gira singular por dos de sus obras emblemáticas: el puente vehicular La Panga y la Universidad del Deporte.
Lo hizo acompañado de directores, columnistas y reporteros de distintos medios de comunicación, en una jornada donde hubo datos técnicos, memorias históricas, visión de futuro.
Con el sol brillando alto, el recorrido comenzó a la orilla de la laguna de Valsequillo y terminó en los vestigios del viejo estadio Zaragoza, un sitio que alguna vez vibró con Queen y que pronto será epicentro de la formación deportiva en Puebla.
El puente y 60 años de espera
A la altura del cruce conocido como La Panga, en la laguna de Valsequillo, Alejandro Armenta y su comitiva fueron recibidos por el paisaje de columnas ancladas en piedra, maquinaria pesada y obreros en plena faena.
En este lugar se construye un puente largamente soñado desde por lo menos 1962 por habitantes de al menos siete municipios de la Mixteca cruzan estas aguas en la afamada panga, tradición que mezcla necesidad y riesgo. Todo con una inversión mayor a los 292.6 millones de pesos
“Este puente va a reducir un trayecto de una hora a solo un minuto”, dijo el gobernador mientras los ingenieros explicaban que las columnas están reforzadas con polímeros especiales para resistir los ácidos que emite el agua en descomposición.
Una estructura pensada para durar, incluso frente a la corrosión, la que fue aprobada por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) tras varias semanas de espera.
La obra no es aislada, ya que Armenta la enmarca dentro de un proyecto integral para recuperar el ecosistema del río Atoyac, desde su nacimiento en San Salvador el Verde hasta su paso por la zona metropolitana de Puebla.
Con el apoyo de la Conagua, y la Secretaría de Medio Ambiente estatal, también se contempla el combate al lirio acuático que ha invadido dos terceras partes del espejo de agua.
La solución, que se busca será con la instalación una planta para transformarlo en fertilizante.
“Vamos a rescatar este paraíso para los poblanos”, aseguró el mandatario.


De Queen al futuro deportivo
Tras concluir la inspección del puente, el gobernador tomó el volante de una camioneta y condujo desde Valsequillo a la zona de Los Fuertes.
Cuarenta y cinco minutos después, siendo el conductor de la prensa, el se arribó al terreno donde se levanta la Universidad del Deporte, justo donde hace décadas se alzaba el estadio Zaragoza, espacio que fue testigo de un histórico concierto de Queen.
Hoy, el lugar está lleno de concreto, estructuras metálicas y un ambicioso proyecto en plena ejecución de una universidad pública especializada en formación deportiva.
Con una fuerte inversión estimada en más de 729 millones de pesos y entrega prevista para mayo de 2026.
Con estacionamiento subterráneo para más de 300 vehículos, canchas elevadas, pista de atletismo, aulas y centros de formación para disciplinas como béisbol, boxeo, fútbol americano, pádel, natación, tenis de mesa y básquetbol, la universidad busca convertirse en un semillero de alto rendimiento.
“Puebla ha sido cuna de grandes deportistas, ahora lo será también de entrenadores, promotores y líderes en el deporte”, dijo Alejandro Armenta.
También se vinculará con equipos como los Arcángeles y Pericos para profesionalizar desde las fuerzas básicas.
El proyecto contempla alianzas con la ENED y la CONADE para capacitar a entrenadores y brindar atención psicológica y médica a los jóvenes atletas.
“El deporte es una herramienta para la paz, para la salud, para reconstruir el tejido social”, subrayó el mandatario.



Tacos y charla franca
Después del recorrido por las obras, vino un cierre relajado pero simbólico: una comida compartida en el mismo sitio donde se construye la universidad.
Bajo una carpa improvisada y entre el eco del martilleo, los invitados degustaron tacos árabes junto a los obreros.
No hubo formalidades, solo anécdotas, fotos y bromas cruzadas entre los responsables del proyecto, comunicadores y trabajadores.
En esta gira, el gobernador apostó por mostrar avances, pero también por acercarse a quienes darán voz y seguimiento a su gestión.
El mensaje fue claro: las obras públicas no son solo infraestructura, también son memoria, territorio y comunidad.









