La autopista México–Puebla volvió a la normalidad luego de que transportistas liberaron el paso tras mantener bloqueado, por casi cuatro horas, el tramo cercano a la caseta de San Marcos en Ixtapaluca, Estado de México.
Desde las primeras horas del lunes, camiones de transporte público fueron colocados a lo ancho de todos los carriles, paralizando por completo el tránsito en ambos sentidos de una de las vías más utilizadas del país.
Ni autos particulares ni unidades de carga pudieron avanzar mientras se desarrollaba la protesta, que había sido advertida por la Asociación de Transportistas Unidos desde la noche previa.
La inconformidad de los manifestantes se centró en la falta de seguridad para operadores y unidades, pues afirman que los robos y actos de violencia en este tramo carretero se han incrementado de forma alarmante, afectando directamente su trabajo y poniendo en riesgo su integridad.
El bloqueo se mantuvo de forma ininterrumpida, sin permitir el paso momentáneo a los vehículos varados, mientras representantes de la organización sostenían una mesa de diálogo con autoridades federales y estatales.
Fue hasta que se alcanzó un compromiso para reforzar la seguridad en la autopista, con participación de los propios concesionarios, que los transportistas accedieron a retirar sus unidades y permitir la circulación.
La reapertura se dio de manera ordenada, y aunque al inicio se reportaron cargas vehiculares en la zona, el flujo se normalizó conforme avanzaron las horas y los vehículos pudieron continuar sus trayectos.
El acuerdo alcanzado representa, para los transportistas, un primer paso para atender un problema que, aseguran, ha sido ignorado durante meses.
Sin embargo, advirtieron que permanecerán atentos al cumplimiento de los compromisos asumidos por las autoridades, con la intención de evitar nuevas movilizaciones que afecten a miles de automovilistas que transitan a diario por esta autopista.
Con el paso ya libre, la exigencia de seguridad en la México–Puebla sigue sobre la mesa, mientras los transportistas afirman que continuarán presionando para garantizar condiciones que les permitan trabajar sin temor a convertirse en víctimas de la delincuencia en cada viaje.









