
Anchorage, Alaska, En un encuentro histórico marcado por la tensión geopolítica, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, se reunieron este viernes en la base militar Joint Base Elmendorf-Richardson, en Anchorage, Alaska, con el objetivo principal de discutir un alto al fuego en Ucrania y posibles vías hacia la paz.
La cumbre, anunciada apenas una semana antes, representa el primer cara a cara entre ambos líderes desde 2019 y se produce en medio de presiones internacionales para resolver un conflicto que ha cobrado miles de vidas desde la invasión rusa en febrero de 2022.
Los dos mandatarios aterrizaron en la base aérea alrededor de las 11:00 a.m. hora local (3:00 p.m. ET), donde se saludaron con un apretón de manos en la pista, flanqueados por aviones de combate estadounidenses.
Trump, quien viajó a bordo del Air Force One, describió la reunión como un “ejercicio de escucha” y enfatizó su deseo de lograr un cese al fuego “rápido” para “detener las muertes”.
Por su parte, Putin, quien voló desde Moscú, no hizo declaraciones inmediatas, pero fuentes del Kremlin indicaron que la agenda incluye no solo Ucrania, sino también temas como el control de armas y la cooperación económica.
El último frente de América
La elección de Alaska como sede no es casual: el estado, que fue territorio ruso hasta su venta a Estados Unidos en 1867, simboliza una frontera geopolítica y ofrece proximidad geográfica a Rusia (a solo 88 km a través del Estrecho de Bering).
Sin embargo, el lugar ha generado controversia. Algunos analistas ven en él una concesión simbólica a Putin, quien ha sido aislado por Occidente debido a la guerra.
Además, la base militar satisface requisitos de seguridad estrictos, aunque la temporada alta de turismo en verano complicó la logística.
Lo agendado
La agenda se centra en Ucrania, donde Trump ha prometido desde su campaña resolver el conflicto “en 24 horas”.
El presidente estadounidense impuso un plazo el 8 de agosto para que Rusia aceptara un cese al fuego, amenazando con sanciones más severas, pero optó por posponerlas en favor de esta cumbre.
Fuentes cercanas indican que se discute un posible intercambio de territorios, una idea que Trump ha mencionado como “complicada pero necesaria”, aunque ha asegurado que cualquier acuerdo final debe involucrar a Ucrania.
Notablemente ausente está el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, quien no fue invitado a esta fase bilateral, lo que ha generado críticas de Kiev y aliados europeos.
Zelensky publicó en redes sociales un mensaje instando a Rusia a “terminar la guerra que inició” y enfatizando la necesidad de “garantías de seguridad” y “paz duradera”.
Trump ha sugerido que Zelensky podría unirse en una segunda ronda de conversaciones, posiblemente con líderes europeos, pero por ahora, la cumbre es estrictamente entre Washington y Moscú.
La reunión, que se extendió más allá de los 40 minutos planeados y superó las dos horas, incluye a asesores clave como el secretario de Estado Marco Rubio y el enviado especial Steve Witkoff por el lado estadounidense, y el ministro de Exteriores Sergey Lavrov por Rusia.
Se espera una conferencia de prensa conjunta al final, donde podrían anunciarse avances, como un mapa de ruta para futuras negociaciones o un cese al fuego temporal.
Este summit ocurre en un contexto de escepticismo: encuestas en EE.UU. muestran apoyo mixto a la intervención en Ucrania, y Europa urge a Trump a no aceptar concesiones territoriales.
Si fracasa, podría escalar tensiones; si tiene éxito, marcaría un triunfo diplomático para Trump. Por ahora, el mundo observa con atención este “frío” encuentro en el “último frente” de América.








