Un río arcoíris desborda Puebla, “amar no es delito”

Más de 20 mil exigen derechos y respeto, con un manifiesto centrado en las infancias trans y el combate a la discriminación

Victor Carreón

El arcoíris volvió a apoderarse de Puebla. Desde temprano, el Parque Juárez comenzó a llenarse de colores, lentejuelas, abanicos, maquillaje brillante y banderas ondeando bajo el sol de junio.

Más de 20 mil personas participaron este sábado en la 25ª Marcha Estatal del Orgullo LGBT+, una movilización que transformó el bulevar 5 de Mayo en un auténtico río multicolor que avanzó lentamente hacia el corazón de la ciudad.

“Ni un paso atrás”, “Amar no es delito” y “Existir también es resistir” fueron algunas de las frases que acompañaron la movilización.

Pero detrás de la música, los tacones, las batucadas y los carros alegóricos, había un mensaje que resonó con fuerza: aún faltan derechos por conquistar.

La exigencia

Antes de que iniciara el recorrido, los organizadores presentaron un manifiesto construido junto con colectivos de todo el país. La exigencia principal fue clara: reconocimiento y protección para las infancias y adolescencias trans, una deuda legislativa que continúa pendiente en Puebla.

El documento también reclamó justicia para las víctimas de violencia y crímenes de odio, una ley más robusta contra la discriminación y políticas públicas que garanticen acceso a la salud, la educación y el empleo sin importar la orientación sexual o identidad de género.

Conforme avanzaba la tarde, el contingente crecía. Había familias completas, parejas tomadas de la mano, personas adultas que recordaban las primeras marchas y jóvenes que participaban por primera vez.

Algunos llevaban mensajes de protesta; otros simplemente celebraban la posibilidad de caminar sin esconder quiénes son.

Los tambores marcaban el ritmo. Las consignas se mezclaban con canciones pop. Desde los edificios, curiosos observaban el paso de una marea de colores que ocupó varias cuadras de la ciudad.

Discriminación, lucha y esperanza.

La marcha llegó al Zócalo entre aplausos y fotografías. Ahí, frente al Palacio Municipal y la Catedral, continuó la celebración con espectáculos artísticos, presentaciones musicales y un micrófono abierto para compartir historias de discriminación, lucha y esperanza.

Uno de los momentos más emotivos fue el reconocimiento entregado a la activista trans Kenya Cuevas por su labor en la defensa de los derechos humanos y el acompañamiento a personas de la diversidad sexual.

También hubo espacio para mirar hacia el futuro. Como parte de los festejos por el aniversario número 25 de la marcha, se colocó una cápsula del tiempo que será abierta dentro de un cuarto de siglo, un mensaje simbólico para las nuevas generaciones.

Cuando el sol comenzaba a ocultarse, el pronunciamiento final recordó que la celebración y la protesta pueden caminar juntas.

Porque detrás de cada bandera, cada maquillaje brillante y cada canción, permanece una exigencia que miles llevaron hasta el Centro Histórico: vivir libres, visibles y con los mismos derechos que cualquier otra persona.

Y este sábado, Puebla escuchó ese mensaje en voz de más de 20 mil personas.