Una lucha contra el hambre en tiempos del Covid-19 en Puebla

Para protegerse de contagio del coronavirus o Covid-19, al alcanzarles para un solo cubrebocas, una familia indígena compró unos paliacates con los que cubren sus bocas, para poder así andar en las calles en busca de su sustento.

Cansados, sentados en una esquina del jardín de El Carmen, padre, madre e hija de escasos seis años, esperan que alguien les compre sus mazapanes o que les pida una boleada. 

Mientras, a unos metros un joven toca con su guitarra a una familia que come con todo y bebé en una mesa del puesto de fritangas y cemitas, junto a un altar colocado en plena calle, ante el cierre de la iglesia.

“Jesús Cristo, nuestro Dios, líbranos de esta pandemia”, “Santo Niño de Jesús de Praga, bendecidnos, líbranos de esta pandemia. Amen.”, rezan dos cartulinas en un altar enmarcados con flores.

Justo debajo del altar, la familia de origen indígena descasa, cuentan que llegaron a Puebla desde Huajuapan de León, Oaxaca, en busca de una mejor oportunidad, pero lo hicieron en el peor momento, en tiempos del coronavirus.

-¿Sin chamba?

-Sin chamba- contesta con una sonrisa nerviosa don José, mientras voltea a ver a su esposa, quien le acaba de entregar a su niña unas papas fritas con chile, para que desayune a más del mediodía.

“Apenas voy como 20 pesos”, dijo mirando a su cajón de bolero, como su única esperanza de sobrevivencia a sus cerca de 50 años.

¿Cómo va la va sorteando?, se le pregunta, pero solo responde con la misma risa nerviosa, por lo que su esposa contesta inmediatamente, “pues vendiendo”. 

-¿Cómo la va a pasar, qué piensa de todo esto (la pandemia y cuarentena)?

-Pues la vamos pasando muy duro, porque no hay para comer

Señalaron que no han recibido las despensas del gobierno, tal vez porque viven a unas calles del hospital de San José del IMSS, donde rentan un cuartito.

-¿Van y vienen buscando vender?

-Tratamos, pero ya no hay nada, porque ya no hay gente- dijo la esposa al recordar que antes de la cuarentena llegaban a obtener hasta 150 pesos diarios de ventas de dulces y boleadas y ahora llegan a los 30 pesos en un buen día.

-¿Les alcanza para comer?

-No alcanza

Lo que más les preocupa ahora es pagar la renta, ya que su casero no les ha dado la mínima oportunidad de pagar menos o retrasar el cobro.

“Les pedimos que nos ayuden con lo que puedan, con algo de comer o despensa, igual pagamos renta”, dijo la mujer indígena.

-¿Les siguen cobrando la renta normal?

-Sí, el patrón no nos dispensa ni la mitad de renta, ya le dijimos, pero dice que no, él quiere su dinero, sino que nos vayamos.

“Pero ya no nos podemos ir a nuestro pueblo porque las salidas ya están cerradas”, dijo tristemente la mujer.