Claudia, entre lo personal y lo público

Una residencia en Atlixco es mudo testigo de una relación que está generando una guerra que todos esperaban tarde o temprano.

Al parecer, la actuación de la alcaldesa de Puebla capital, Claudia Rivera Vivanco, está revuelta entre lo privado y lo público.

La defensa a ultranza que ha hecho de su secretaria de Seguridad Pública municipal, Lourdes Rosales, puede tener como meollo una casa en el municipio vecino.

La presidenta municipal rechazó sorpresivamente la propuesta del gobernador Miguel Barbosa Huerta, para el puesto de seguridad pública, cuando todo parecía ya acordado.

La acción dejó muchas dudas.

Se dice en los corrillos políticos que la defensa férrea solo tiene un fin: lazos familiares.

Hay quien dice que en esta “casa pequeña” atlixquense, la aún funcionaria municipal pasa sus mejores momentos con alguien a quien jamás le levantaría la mano la primera regidora.

Lo cierto es que si la defensa es por este hecho, lo privado mancha lo público y ese revoltijo es lo cuestionable.

Es de llamar la atención tanta protección, sobre todo por los malos números que ha dejado la funcionaria pública municipal.

Sino, nada más hay que echarse un clavado en las estadísticas del secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

Desde que tomó el cargo, Puebla capital encabeza las carpetas de investigación abiertas ante la Fiscalía General del Estado (FGE), al registrar 28 mil 774 denuncias por distintos delitos.

Ante el panorama de inseguridad y violencia, el gobernador Barbosa, tomó la iniciativa desde el inicio de su mandato con la firma de convenios de coordinación con los municipios.

Pero ahora, Claudia Rivera lo quiere tirar.

Ni siquiera, el señalamiento del gobernador de que los mandos policiacos tienen vinculación con la delincuencia, la hizo cambiar.

“Colusión con la delincuencia, protegían a El Gordo”, dijo el mandatario en rueda de prensa al recordar la detención del presunto delincuente hace unos días por la Policía Estatal.

El ejecutivo estatal denunció que la policía municipal de Puebla está penetrada por la delincuencia.

Pero hubo oídos sordos, el sello de esta administración municipal.