Lo que parecía un enero interminable, con más de 45 días, se volvió en un marzo inagotable, han pasado 193 días de la declaratoria de emergencia, donde, pese a la incredulidad, muchas personas no han salido de casa, mientras que otras tantas han vuelto a sus actividades más por necesidad que por gusto.
Lo que inicialmente serían 15 días de cuarentena, derivó en trucos de repostería, en cantos en los balcones, en recetas de cocina, entrenamientos en casa, home office, tintes de cabello, series interminables, terminadas en tiempo récord, transcurrían así las primeras semanas de la primera cuarentena de este siglo, para unos era un tiempo de reconocimiento mientras que para otros era su peor pesadilla, sin trabajo, sin dinero, con deudas, sin salida aparente, comenzaban a desfilar las bicicletas, las licuadoras y todo lo que valiera en las casas de empeño, la esperanza se vislumbraba a principios de septiembre, los semáforos cambiaban de color, para poder dar el grito.
Posterior a los festejos del grito de independencia, una vez más las calles se ven repletas de ambulancias, los hospitales comienzan nuevamente a llenarse, y en unos días, las carrozas no se darán abasto, aunque ya se haya anunciado que el primer hospital en desconvertirse sea el de Traumatología y Ortopedia.
Entre los desaparecidos quedan amigos, padres, madres, hermanos, familias enteras han detenido su linaje en este 2020 que parece tratar de exterminarnos desde el primer día, los casi 80 mil muertos oficiales dejan un vacío inmenso, el personal de salud que ha perecido, deja vacantes que aunque sean ocupadas, para muchos ha sido como perder a un hermano o a un padre, no importa cuantos minutos de silencio o medallas sean otorgadas, ellos no van a volver.
Pausados y ralentizados quedan los trámites de titulación de miles de universitarios, esta crisis obligó a muchas universidades, cuyos procesos eran dignos del jurásico, a evolucionar tortuosamente a ventanillas digitales, a titulaciones en línea que son un híbrido de aspecto extraño, pero que día con día funciona, simplemente funciona.
Cientos de miles de estudiantes, básicos y superiores, pasaron de platicar en clase a platicar por whatsapp mientras toman clases virtuales, volviendo al internet una herramienta indispensable, contra las máximas de los padres que decían que nada bueno dejaría estar pegado en la computadora, hoy es su deber mirar a la pantalla por horas, y es sacrificio de los padres proveer a cualquier costo de un portátil, provocando un desabasto tangible hoy en día en cualquier tienda.
Han pasado nueve meses, seis de cuarentena y junto al triage respiratorio el cigüeñazo comienza a ser cada vez más notorio, los pandemials se abren paso entre esta crisis que parece no tener principio, pero tampoco fin, a 96 días de terminar este 2020, que si no nos ha matado, si nos ha vuelto locos.









