¿Euforia electoral o reacomodo del poder en Puebla? 

El gabinete de Alejandro Armenta comienza a moverse, Morena alista sus definiciones y los aspirantes buscan acomodar sus piezas. La pregunta es quién terminará controlando el tablero político de 2027. 

En Puebla comenzó el movimiento de piezas. Funcionarios que renuncian, otros que cambian de encomienda, encargados de despacho que aparecen de la noche a la mañana y aspirantes que aceleran sus preparativos. ¿Euforia electoral? Quizá. Pero, sobre todo, son horas de definiciones en las que nadie quiere llegar tarde a la repartición de posiciones rumbo a 2027. 

El gobernador Alejandro Armenta mueve su gabinete mientras Morena procesa sus aspiraciones internas. Rafael Moreno Valle Buitrón dejó la Comisión Estatal de Vivienda; Miryam Aquino salió de Ciencia y Tecnología y se registraron relevos en Seguridad Pública y Cultura. Algunos movimientos obedecen a decisiones administrativas; otros coinciden con las aspiraciones políticas de sus protagonistas. No todos tienen el mismo origen, pero juntos dibujan una administración en plena recomposición. 

Hay movimientos más interesantes. José Tomé Cabrera, hombre cercano al gobernador, dejaría Imagen y Relaciones Públicas para incorporarse a la estrategia de la exsecretaria del deporte Gabriela La Bonita Sánchez, mientras Carla López-Malo, hasta ahora responsable de Turismo, sería su vocera. De confirmarse plenamente, mostrarían cómo se reorganizan operadores políticos y de comunicación alrededor de una aspiración municipal. No se trata sólo de simpatía personal sino de un respaldo institucional.  

Y mientras unos preparan candidaturas, otros miran hacia la dirigencia estatal de Morena. Aunque Olga Lucía Romero Garci-Crespo ha negado que exista una renuncia formal, la cual existe pero que aún no se ha hecho efectiva, en los corrillos políticos ya circulan nombres para una eventual sucesión.  

Uno de ellos es Rodrigo Abdala, con experiencia en la estructura federal y sólida trayectoria dentro del movimiento. Otro es Pablo Salazar Vicentello, incorporado desde junio a las tareas de organización territorial, cuyo creciente protagonismo ha generado lecturas sobre sus verdaderas posibilidades dentro del partido. 

Pero aquí hay un detalle que no puede ignorarse: la propia dirigencia ha señalado que Salazar no reúne los requisitos estatutarios para presidir Morena en Puebla. Además, Andrés Villegas, presidente del Consejo Estatal, ha planteado que una eventual sustitución de Olga Romero tendría que respetar criterios de género. Así que los nombres que circulan no necesariamente son los que pueden llegar. 

En ese ambiente también se habla de supuestos screenshots de conversaciones relacionadas con peticiones de dinero a cambio de candidaturas, que habrían llegado al entorno de la dirigencia. No podríamos acreditar su autenticidad, identificar responsables o establecer que los hechos no ocurrieron. Pero la sola circulación de esas versiones en el Comité Nacional refleja otro frente de disputa: el de la confianza en quienes intervienen en la organización y selección de aspirantes.  

El fondo de estos movimientos es más profundo que la salida de unos cuantos funcionarios. Morena enfrenta el desafío de procesar sus ambiciones internas sin trasladar sus disputas al funcionamiento del gobierno. Y Armenta, por su parte, necesita mantener la operación de una administración que apenas se aproxima a su segundo año. 

Porque mientras unos calculan candidaturas, otros buscan controlar estructuras y varios más esperan instrucciones, los ciudadanos queremos seguridad, servicios y resultados. 

En política, mover las piezas podría parecer sencillo. Lo complicado es que, en medio del juego, el gobierno siga funcionando. 

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