A casi tres semanas de su asesinato en Filadelfia, Pensilvania, el cuerpo de Maximino Martínez Vázquez, joven originario de San Diego Cuachayotla, fue finalmente repatriado y sepultado en su comunidad de origen, en medio del dolor de su familia y vecinos, que exigieron justicia y mayor apoyo a migrantes en situación de vulnerabilidad.
Maximino, de 20 años, emigró a Estados Unidos en 2024 junto con su hermano menor, con el objetivo de trabajar y apoyar económicamente a su madre, luego del fallecimiento de su padre. Ambos se establecieron en Filadelfia, donde trabajaban en lo que podían. El 4 de mayo de 2025, el joven fue asesinado por impacto de bala dentro de una vivienda ubicada en el bloque 1100 de West Venango Street, en el norte de esa ciudad.


De acuerdo con información confirmada por la policía de Filadelfia y medios locales como NBC y Telemundo, el presunto responsable del homicidio es Alexander Márquez, de 49 años, quien fue detenido en el lugar de los hechos. La fiscalía local lo acusa de asesinato, amenazas, posesión de arma de fuego y manipulación de pruebas. La investigación continúa en curso.
Durante casi tres semanas, la familia de Maximino enfrentó serios obstáculos para recuperar el cuerpo. En entrevistas con medios de comunicación, su hermano y su tío señalaron que el idioma, la falta de recursos y la escasa orientación de las autoridades complicaron el proceso. “No sabíamos ni con quién hablar ni dónde estaba el cuerpo”, expresó su tío Pedro Vásquez.
La repatriación fue posible gracias a la intervención de organizaciones comunitarias y migrantes, así como al apoyo del Instituto Poblano de Asistencia al Migrante. El cuerpo llegó a México el pasado 24 de mayo y fue trasladado a San Diego Cuachayotla, donde familiares, vecinos y amigos le dieron el último adiós.
En la comunidad no hubo manifestaciones ni protestas públicas, pero sí un sentimiento compartido de impotencia y dolor. Maximino es recordado como un joven trabajador, responsable y con deseos de superarse. Su madre, arropada por vecinos, recibió el féretro entre lágrimas, sin hacer declaraciones, pero visiblemente afectada.
Este caso ha puesto nuevamente sobre la mesa las condiciones de riesgo que enfrentan los migrantes mexicanos en Estados Unidos, especialmente aquellos en situación irregular o con escasos recursos. Activistas y defensores de derechos humanos hicieron un llamado a las autoridades consulares mexicanas a brindar mayor acompañamiento a familias en contextos similares.
Mientras tanto, la comunidad de San Diego Cuachayotla despidió a Maximino con respeto y dolor. El joven fue enterrado en el panteón del pueblo, donde su tumba quedó cubierta de flores y rodeada de oraciones.
“Queremos justicia, pero sobre todo, que no haya otro muchacho más que tenga que volver así”, dijo un vecino, antes de retirarse en silencio.









