¿Qué es Farmer Aura y por qué invadió mis reels de la noche a la mañana?

Seguramente se estarán preguntando: ¿qué es Farmer Aura y por qué invadió mis reels de la noche a la mañana? Pues bien, se trata de una nueva tendencia viral, producto de la nueva cultura digital, que se basa en enfrentamientos individuales en espacios públicos en los que se busca impresionar a los espectadores y así vencer al contrincante. A diferencia de otro tipo de duelos, no hay contacto físico, no existen golpes, no se usan armas, no se tiene un tiempo estimado de duración, no hay conocimiento previo del oponente, no hay un árbitro que avale una victoria o una derrota. No hay contexto.

A lo largo de la historia, la convivencia social ha propiciado diversos escenarios de integración colectiva. Los grandes pensadores griegos se reunían en el ágora con sus pupilos a discutir temas filosóficos, políticos y sociales. Por su parte, los gobernantes romanos encontraron en el circo la atracción ideal para entretener al pueblo. En los tiempos modernos, la invención de deportes como el béisbol, el fútbol o el baloncesto permitieron la exhibición de la destreza de unos cuantos ante la admiración y el fanatismo de miles de aficionados.

La batalla de “Farmer Aura” no exige un espacio adaptado, un estadio o una cancha de dimensiones especiales. Se habilita una arena de enfrentamiento en un espacio público, una plaza, un parque, un estacionamiento, cualquier lugar abierto es suficiente para reunir a un grupo de personas con un objetivo en común: entretenimiento. La actividad como tal no exige mayor esfuerzo, una destreza particular o una habilidad destacada. Farmear aura implica básicamente naturalidad, espontaneidad, dominio del espacio y del tiempo, una mirada fija, una postura firme y movimientos expresivos y bien marcados. Es imprescindible no titubear, no bajar la cara y responder fríamente a las acciones del contrincante.

A diferencia de otras tendencias, masivas y virales, como el reciente movimiento Therian, Farmer Aura logra la conjunción de varios elementos atractivos vigentes. Es una mezcla de pasos coreográficos básicos que emulan al baile sin llegar a serlo; la representación física de memes virales; movimientos, poses, gesticulaciones y expresiones inspiradas en personajes del animé; y cualquier otro recurso que aporte la expresividad necesaria para considerarse mejor que la contraria.

Entonces, ¿quién gana y quién pierde? Gana quien se supera a sí mismo antes de superar a su oponente, quien supera sus miedos: miedo al escenario, miedo al público, miedo al qué dirán. Gana quien se gana al público con su aura llena de magia, energía y vitalidad. En un sentido práctico, nadie pierde. En eventos más estructurados puede haber jurados y puntuaciones, pero ese no es el objetivo de esta tendencia. Y como en toda tendencia digital, la viralización es la recompensa más grande.

Estos duelos al más puro estilo del viejo oeste, aunque de carácter improvisado, adquieren una dinámica muy parecida al performance o happening que cobraron fuerza a principios de este siglo en las calles y plazas públicas, momentos en los que artistas, ya fuera callejeros o consumados, intervenían un espacio para una presentación musical, teatral o de danza.

El furor con el que los espectadores disfrutan de este nuevo espectáculo emula las audiencias de otros actos populares como la lucha libre, los campeonatos urbanos de básquetbol, las batallas de baile en estilo libre, las peleas callejeras o las peleas de gallos. La mayoría llega con una mezcla de morbo, expectación, admiración y búsqueda de una nueva experiencia. Hay risas, gritos, porras y ovaciones que invitan a una catarsis colectiva que segrega serotonina y adrenalina y que propicia el desahogo del estrés digital, ese que nos está consumiendo de a poco sin darnos cuenta.

Después del COVID y el encierro, el mundo entró en una recesión que reprimió nuestras habilidades sociales. Desde entonces ha sido muy difícil para muchas personas reencontrar una normalidad. En la búsqueda de las habilidades que se perdieron, el ser humano tiene una necesidad intrínseca de expresarse, de hacerse notar, de salir incluso del confort digital, de alejarse de las pantallas y volver a ver a otros a los ojos. La necesidad de un acercamiento social, de moverse, de activarse, aunque esto implique una desinhibición hasta cierto punto innecesaria. Tanto se ha criticado a las juventudes de solo pasar el tiempo frente a la pantalla, que cuando hacen algo nuevo no se les da la oportunidad de explorarlo, no se les brinda un voto de confianza de que puedan reencontrarse en el camino, aunque el camino no sea el mejor, el más rápido o el que otros ya hayan recorrido.

Como lo he mencionado en otras columnas, las nuevas generaciones están tratando de expresarse de muchas maneras, están tratando de hacer que el mundo las vea y las escuche y aunque en ese proceso suelen reinventar lo ya descubierto o encontrar el hilo negro, demuestran que la esencia del ser humano es y seguirá siendo la misma: la libertad de expresión.

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