Hace cinco décadas esta pregunta se hacía en radio y televisión, porque en aquel entonces era la hora en que niños, y principalmente jóvenes, debían estar en sus casas ( cuando solían hacerte caso).
Hoy esto sería una regla de carcajada para una generación que sabe que es justamente a las 10 , cuando comienza la diversión.
Sin embargo en algún momento funcionó, solo que ahora sería útil preguntar:
¿Sabe cómo estuvo el día de sus hijos?
¿Sabe lo que comieron?
¿Conoce a sus amigos?
¿Sabe cuál es su principal miedo?
Los recientes hechos donde hemos conocido de las muertes de menores de edad y jóvenes, nos obliga a retomar urgente contacto con esos seres con los que compartimos escasos diálogos, monosílabos, pocas veces presenciales y ahora, solo por Whatsapp.
Exigimos con rabia a quienes nos gobiernan , una reacción inmediata para esclarecer estos crímenes; pero en casa, nosotros; hemos olvidado acariciar, besar, motivar y lo más importante; escuchar.
Nos volteamos a ver y buscamos a un nuevo responsable de la descomposición social que vivimos.
En redes sociales compartimos soluciones inmediatas como la pena de muerte y el linchamiento, para salir rápidamente de esas noticias de asesinatos que nos asquean y que como un olor fétido, tratamos de ocultar.
Pero es inútil, en México muchos hombres y mujeres han normalizado los feminicidios, los abusos sexuales a niños, la violencia física y verbal; y ahora, la realidad ya nos alcanza y se nos presenta como un espejo para que cada quien asuma su responsabilidad.
Hace un par de meses la psicóloga poblana Adriana Santos, sugirió en una entrevista radiofónica usar la cena para hacer contacto con esos jóvenes y niños abandonados en un mar de personas.
Comencemos a tender puentes con aquellos seres que duermen en el cuarto de junto, y aprendamos también de ellos porque la paz nos urge, y dicen los que saben, que ésta empieza en casa.








