La automotriz alemana enfrenta una de las mayores transformaciones de sus 89 años: recortará empleos, reducirá modelos y revisará el futuro de plantas, mientras en Puebla ya desapareció un turno y el impacto alcanza a proveedoras.
Volkswagen atraviesa una de las crisis más profundas de su historia y las señales ya dejaron de concentrarse en Alemania.
Los ajustes alcanzaron a Puebla, donde cientos de trabajadores han salido de la armadora y el efecto comienza a extenderse hacia las empresas proveedoras de autopartes.

Un reciente reportaje de Deutsche Welle (DW), el servicio público internacional de Alemania, dimensionó el problema: el gigante automotriz busca adelgazar su estructura, reducir costos y fabricar menos modelos para enfrentar una competencia mundial que cambió mucho más rápido que la propia compañía.
La transformación contempla llegar a 100 mil puestos menos hacia 2030, considerando 50 mil bajas previamente planteadas y otras 50 mil incorporadas al nuevo programa. Es una reducción cercana a uno de cada seis puestos de una compañía que emplea a más de 650 mil personas.
Pero el número de trabajadores es apenas una parte del problema.

El golpe ya llegó a Puebla
La crisis mundial dejó de ser una historia lejana para los trabajadores poblanos.
Volkswagen de México eliminó el turno nocturno dedicado a Jetta y Tiguan en su planta de Cuautlancingo ante la reducción de producción.
El ajuste dejará fuera a 786 trabajadores, entre 611 separaciones y 175 bajas voluntarias, de acuerdo con información sindical publicada por La Jornada. Otros 542 trabajadores pudieron ser reubicados en diferentes áreas.
La onda expansiva alcanzó rápidamente a la cadena de suministro. La CTM reportó que más de 3 mil trabajadores de proveedoras de autopartes de Puebla y Tlaxcala fueron despedidos durante la última semana y advirtió que la cifra podría superar los 5 mil.

La esperanza está puesta parcialmente en 2027 y en los nuevos proyectos de producción, entre ellos el Golf, que permitirían recuperar paulatinamente algunas plazas.
El reportaje de DW muestra que los 100 mil empleos son sólo la parte más visible de una transformación mucho mayor.
Para Puebla, donde Volkswagen es uno de los pilares industriales desde hace décadas, la pregunta ya no es si la crisis internacional puede cruzar el Atlántico.

Menos modelos y fábricas con capacidad de sobra
Volkswagen pretende reducir aproximadamente a la mitad su portafolio de modelos y disminuir hasta 75 por ciento la complejidad de sus productos hacia 2035. La fórmula será producir menos tipos de vehículos, pero hacerlo en mayores volúmenes.
Detrás de esa decisión existe un dato que retrata la dimensión de la crisis: las plantas europeas del grupo tienen capacidad para fabricar más de 500 mil automóviles adicionales a los que actualmente puede colocar en el mercado.
El futuro de las instalaciones alemanas de Emden, Zwickau, Hannover y Neckarsulm permanece bajo análisis. Algunas podrían quedarse sin modelos asignados después de 2030 y Volkswagen estudiará alternativas para mantener actividad industrial.
Incluso apareció una posibilidad impensable hace algunos años: reconvertir instalaciones para producir equipo relacionado con la industria militar.

China dejó de ser la mina de oro
Volkswagen también enfrenta dificultades en dos mercados fundamentales.
China, durante años uno de sus principales motores de crecimiento y rentabilidad, dejó de ofrecer las mismas condiciones. Fabricantes asiáticos, particularmente los chinos, desarrollaron automóviles eléctricos a precios competitivos y comenzaron a ganar terreno tanto dentro de China como en Europa.
La participación de marcas chinas ya superó 9 por ciento de las matriculaciones de vehículos en la Unión Europea durante el primer semestre de 2026.
En Estados Unidos aparece otro frente: los aranceles golpean la rentabilidad de los vehículos importados y obligan a Volkswagen a revisar su estrategia para Norteamérica.
El resultado puede verse en sus números. El margen operativo del grupo se ubicó en 3.8 por ciento durante el primer semestre de este año, cuando en 2022 había alcanzado 7.9 por ciento.

Golpe de timón
La paradoja es que Volkswagen no pretende simplemente hacerse más pequeña.
El denominado Plan Futuro 2030 contempla alrededor de 135 mil millones de euros en inversiones y desarrollo entre 2027 y 2031, mientras la compañía pretende regresar a ventas cercanas a 9 millones de vehículos anuales y alcanzar un margen operativo de 9 por ciento para 2030.
Para conseguirlo tendrá que hacer algo que durante décadas parecía improbable: simplificar uno de los conglomerados automotrices más grandes y complejos del planeta.
Menos modelos, menos estructuras administrativas, menos costos y también menos trabajadores.








