Un 12 de diciembre entre fe, COVID y la nueva realidad

En el recuerdo quedaron los ríos de feligreses para cantar Las Mañanitas o pasar a rezar ante la imagen de la Virgen de Guadalupe, el covid-19, llegó a cambiarlo todo. 

En Puebla, uno de los templos más visitados cada 12 de diciembre es el conocido como la Villita, ubicado a por lo menos cinco calles del zócalo de la capital del estado. 

Ahora, donde antes había filas, solo se aprecia a una señora de edad avanzada hincada rezando en la puerta del templo, ayudada por una joven, para que no caiga y alguna madre con su pequeña hija vestida tradicionalmente de “indita” con cubrebocas. 

A pocos metros, otra persona de más de sesenta años, toca la puerta y cierra los ojos, para hablar en voz baja otro rezo. 

Esta es la forma en que a cuenta gotas van llegando los feligreses guadalupanos de Puebla, la mayoría consciente del repunte de covid-19, que hizo se cerrará el templo para evitar contagios del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 que ha azotado al mundo entero. 

-¿Un 12 de diciembre muy distinto?- se le preguntó a un guadalupano que se acercó a la iglesia ubicada en avenida Reforma entre 11 y 13 Sur. 

“Distinto, pero asi tiene que ser, si no nos cuidamos nosotros los grandes, no sabemos donde esté la cosa”, dijo. 

-¿Cómo feligres guadalupano entiende la situación? 

-Sí, es mejor así, porque sino la gente viene y nos contagiamos, yo cada año vengo y me vengo a persignar aunque sea en la puerta, ella (la Virgen de Guadalupe) está en mi corazón”. 

-¿Qué le pide a la Virgen? 

-Salud, salud y más salud.