Las abuelas tenían razón: “Al perro más flaco se le cargan más las pulgas”.
Históricamente a la población más vulnerable, siempre le va peor; dígase guerras, lluvias, terremotos, huracanes, expropiaciones, … todo, en absolutamente todo.
La pandemia que vivimos, les volvió a pegar con una crueldad sin tregua.
Pequeños comerciantes, ambulantes, acomodadores de autos, aseadores de calzado, empleadas del hogar, albañiles en sus diferentes rangos, empacadores, jardineros, y otros servicios; simplemente no saben qué hacer.
Pensar en un contagio es una preocupación secundaria; para ellos, comer es lo importante.
Están ajenos a los comunicados de López Gatell y de Barbosa. Solo saben que ya los despidieron y que es difícil que los contraten en otros lugares.
Empleadas domésticas, por racimos, han vuelto a sus lugares de origen como la Sierra Norte y Mixteca de Puebla, porque allá hay quien les ayude mientras pasa la contingencia (que muchas no saben ni qué significa).
Cuando una parte de la población se queja por lo caro que está el alcohol desinfectante (que ni desinfecta); éste sector está pensando de dónde alimentar a los suyos.
En los cinturones de la zona conurbada, el fenómeno no cambia mucho. Han cancelado empleos a choferes de transporte, grupos musicales, maestros particulares; meseros.
La cosa está que arde, porque si en condiciones reales el panorama económico era poco esperanzador; el Covid-19, lo puso en grado de alarmante.
La estrategia más próxima tiene que ir dirigida a este sector. Pero no con el perfil asistencialista que ha mermado la inversión pública del gobierno de López Obrador. Sino con un impulso a empresas pequeñas y medianas, para que puedan generar empleo. Incluirlos en esos negocios y garantizar su acceso a prestaciones, que no obtienen recibiendo el dinero en la mano.Es decir, el apoyo tiene que ser real, y no de ese que viene con aroma al proceso electoral del 2021.
Por lo pronto habrá que apoyarlos como podamos. Todos tenemos un caso cercano y sabemos qué necesitan. No es lo mismo guardarse en casa, esperando la quincena.
Vienen los días más duros de la contingencia con varias realidades. Los que se guardan por obediencia y convicción; los que no podrán quedarse en casa porque si no, no comen; los que aún no creen en la emergencia de la pandemia y se vuelven en potenciales y peligrosos portadores de Coronavirus. Y aquéllos que sí comprenden la eventualidad, pero preferirán combatirla con estampitas y amuletos proyectores.
Debemos remar con todo esto y salir bien librados. Vaya reto








